sábado, 18 de septiembre de 2010

El Frasco de perfume

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Lovely Deco Couple Deciding on Perfume--Vintage Barbier Illustration¿RECORDAIS los versos de Baudelaire? ¿Hay en vuestros viejos armarios, arrinconados, algunos frascos de perfume que os hablen de otro tiempo; de otros amores, de otros hombres? Sed las bienvenidas al recuerdo de aquéllos que os hicieron soñar!, porque detrás de vuestras ropas blancas de lino o seda, de las bordadas camisitas de colores, olorosas a la piel, de las bordadas sobrefundas olorosas a cabecitas locas, seguramente, el lector lo sabe, escondéis un frasco vacío de perfume, cuyo aroma os habla al corazón, mejor que un poema. A mi amigo Andrés le pasaba que al ir a comprar un frasco de perfume, para su amante, de antemano lo veía vacío y arrinconado en el fondo del armario –que casi es el olvido- complaciéndose, malévolo, en ese minutito inesperado en que ella toparía, buscando un pañuelo quizá, el dichoso frasco, y al sentir su extinguido fuego de perfume amoroso le recordaría, como en el confesionario las que va a acusar pecados capitales. Para mi amigo, los frascos de perfume valían igual que letras de crédito a cobrarse en el olvido. Y por eso, sin duda, ponía tanta atención al escoger entre mil y mil de diferentes formas el más caprichoso, el más exótico, el que mejor pudiera mañana hablar de sus amores. A mi amiga Kai, japonesa de nacimiento, los frascos de perfume vacíos que en sus baúles andaban como gatos sin hacer ruido, la recordaban páginas de su vida que la hacían murmurar palabras que yo nunca entendí. Una mujer que adivinaba la suerte en una feria popular, al verme la mano, me dijo: “Huye de las mujeres que amen los perfumes rubios.” Pero a pesar de mis propósitos, no he podido cumplir su mandato, porque adoro los frascos baldíos que en los cuartos de las cortesanas o en los de colegiales, llevan una vida secreta, mezcla de olvido y de remordimiento. Don Juan, es un frasco de perfume vacío, cuya silueta encanta a las mujeres de ojos negros, o azules como el mar, a las de ojos celestes, a las de ojos verdes, a las de ojos castaños. Nuestro amor debemos procurar que sea, al menos después de ser, ese frasco de cristal caprichoso, impregnado de una sutil esencia que hable en voz baja de instantes vividos en alta mar. Si los recuerdos, como las nubes, se deshacen en lo desconocido, en el viejo frasco, por pequeño que sea, queda el mundo en que vivimos con ella abrazados, con ella besándonos, a su cuerpo unidos como su propia ropa.

(…)

12 de julio, 1929

Miguel Ángel Asturias

PARIS 1924-1933

Periodismo y creación literaria

Edición Crítica

Amos Segala

Coordinador

ALLCA XX – UNIVERSIDAD DE COSTA RICA


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