lunes, 13 de septiembre de 2010

Los Cedros del Monte Lébano

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“No fueron los viajeros ni los naturalistas”, dice Madame de Genlis, “los que dieron al roble el título de rey de la selva. La rosa será siempre en todos los países la reina de las flores, pero entre los árboles la dignidad real pertenece solamente al antiguo y majestuoso cedro.”
Era este árbol antiguamente uno de los más estimados. Salomón habla de él en sus escritos con particular entusiasmo; y en la construcción de su famoso templo hizo tanto uso de él que casi llegó a despojar el monte Lébano de sus magníficos cedros. Puede formarse una idea de la cantidad de estos árboles que se emplearía en dicha construcción por el hecho de hallarse aquel vasto edificio cubierto interiormente de cedro casi en su totalidad, y que para proveer la cantidad necesaria de esta madera preciosa, se empleaban no menos de ochenta mil hombres en derribar cedros y transportarlos a Jerusalén. Este árbol, en el vigor y lozanía de su existencia, es tan bello y majestuoso que al contemplarlo queda desde luego justificada la afición extraordinaria que le tenia el sabio rey de Judea tanto como objeto de historia natural cuando vive, cuanto por la utilidad de su madera para la construcción de edificios. Pero hay además otro motivo para la predilección con que miraba a su árbol favorito. La madera del cedro emite una fragancia que además de ser muy grata preserva al árbol de los daños y devastaciones que causan en las demás maderas varias clases de insectos. Los antiguos consideraban la madera del cedro como la más duradera e incorruptible, cualidades que realmente posee en alto grado. Se han hallado trozos de madera fresca de cedro en el templo de Utica en Berbería después de cerca de 2.000 años, y cajas de momias en Egipto hechas de esta madera en igual estado de conservación. Sin duda alguna por la suposición de que el cedro incorruptible en sí mismo podría comunicar su incorruptibilidad a los objetos puestos en contacto con él usaban los antiguos la savia del cedro para embalsamar los cuerpos de los difuntos; restregando además con ella sus manuscritos más preciosos a fin de preservarlos.


(crédito: Resmi)
Los caracteres distintivos del cedro, considerando su apariencia general, son la división de su tronco o unión de dos o tres árboles por la raíz, los cuales se separan luego a corta distancia del suelo, y sus ramas casi horizontales que cubiertas de un follaje sombrío proyectan próximamente en ángulo recto. El cedro está siempre cubierto de hoja y produce una pequeña fruta de figura cónica parecida a la piña. Según los escritos de Salomón es evidente que si el cedro no es originario del monte Lébano era por lo menos mucho más abundante allí y más hermoso que en ningún otro punto del mundo conocido. Al celebrar la magnificencia de este árbol, no habla Salomón del cedro aisladamente sino del cedro del monte Lébano.
Por ambos lados de una espaciosa llanura antiguamente llamada Coele-Siria, bajan de la Siria dos cordilleras paralelas de montañas; la occidental recibió de los griegos el nombre de Libanus acercándose a la mar termina cerca de la embocadura del rio Leonte, sobre legua y media al norte de la antigua Tiro. La otra cordillera o Anti-Libanus, estrechando la distancia que la separa de la anterior, avanza también hacia el mar y remata en el Cabo Blanco (Album Promontorium) al sur de Tiro. La mayor elevación de los montes de Lébano se halla al norte de Palestina, donde presentan un espectáculo majestuoso bien sea que se las mire desde la mar situada al oeste, o desde las llanuras al oriente. Los picos más elevados del Anti-Libanus están cubiertos de niveles perpetuas, no en parches como suele verse durante el verano en la cima de las montañas muy elevadas, sino formando una superficie unida, perfectamente tersa y de exquisita blancura tal cual la presenta la nieve cuando tiene un espesor considerable, “espectáculo grandioso”, dice el Dr. Clarke, “en un clima en que el espectador buscando donde resguardarse de los rayos abrasadores del sol le parece ver el firmamento en llamas.”
Las montañas de la otra cordillera conocida con el nombre de Lébano, no son generalmente tan altas, y por consecuencia no se hallan perpetuamente cubiertas de nieve. Se ve sin embargo sobre ella una cantidad considerable aun en los meses de verano en las vertientes septentrionales. La elevación de las montañas varia desde 8 a 12,000 pies.
Los cedros de monte Lébano se hallan situados a bastante altura sobre la montaña, donde permanecen durante varios meses del año rodeados de nieve: el contraste de su follaje oscuro y macizo con la blancura del terreno que los circunda, la cual resplandece con los rayos de un sol oriental, forma un cuadro que todos los viajeros se deleitan en pintar. El número de estos árboles no es tan considerable como parece indicar la grandiosidad de la escena de que forman parte. Se dice que apenas llegan a 500, pero entre estos algunos son de enorme tamaño, llegando a una altura de 60 a 400 pies con un ancho proporcionado en la copa.
Maundrel, un viajero inglés, a principios del último siglo, dice que uno de los mayores árboles que vio, medía 36 pies y medio de circunferencia alrededor del tronco cerca del suelo, y sobre 120 en la copa. El tronco de este árbol, como sucede con la mayor parte de los de su especie, se hallaba dividido a unos quince pies de la tierra, en cinco ramas semejantes a otros tantos arboles. No cabe duda de que antiguamente florecía el cedro en mayor abundancia sobre el monte Lébano, pero últimamente no se ha observado una disminución tan notable en su número como nos quieren hacer creer algunos autores. El Dr. Harris, en su Historia Natural de la Biblia, cita la relación de varios viajeros en diferentes épocas para probar que ha habido una disminución considerable a lo menos en los árboles de mayor dimensión, mas como los autores que cita no adoptaron un tamaño determinando como punto de comparación, son de poco valor sus datos.
La lista que da es la siguiente:

Fechas
Autores Número de Cedros Grandes
1550 P. Bellon 28
1556 C. Fishtner 25
1574 Rauwolf 26
1579 T. Jacobi 26
1583 R. Radzivil 24
1590 R. Villamont 24
1598 C. Havant 24
1609 W. Litgow 24
1632 E. Roger 22
1650 Boullaye le Gour 22
1657 Thévénot 22
1681 De la Roque 20
1699 Maundrel 16
1739 R. Pococke 15
1755 Schultz 20
1789 Billardiere 7
1818 Richardson 7
No hallándose estos árboles colocados en hileras por tamaños como lo están los tiestos de flores un jardín o balcón, sino que se hallan mezclados con admirable desorden en todas la variedades imaginables de edad y dimensión, se deja conocer a primera vista cuan defectiva deberá ser la lista que antecede en cuanto a expresar el número de árboles grandes, bien sea absoluta o relativamente. La relación que hace un viajero moderno, Burckhards, es sin duda alguna más satisfactoria: dice, “Dejé a mi guía en la llanura, y me encaminé a la derecha hacia los cedros que se divisan desde la cima de la montaña a una media legua del camino directo que conduce a Bshirrai al pie de las laderas pendientes de la división más elevada. Ocupan un terreno quebrado y forman un bosque pequeño. Pude contar hasta 11 a 12 de los mayores y más viejos, 25 todavía muy grandes sobre 150 de mediano tamaño, y más de 300 pequeños y jóvenes. Distínguense los más viejos por tener las ramas laterales y el follaje solamente en la parte superior, y dividirse el tronco primitivo en cuatro o cinco troncos distintos. Los troncos de los árboles viejos se hallan cubiertos con los nombres de los diferentes viajeros que los han visitado; parecen muertos, y su madera es de un color gris.”
Concluiremos este artículo transcribiendo la descripción de que hace de los cedros de Lébano el Dr. Richardson, la cual es a nuestro entender la más gráfica y expresiva de cuantas hemos visto.
“El descenso (del monte Lébano) es muy pendiente y en dirección serpentina por el lado de la montaña. A los pocos minutos divisamos a nuestra derecha los afamados cedros que a primera vista nos parecieron una mota negra al pie del monte, y poco después una porción de arbustos enanos sin dignidad ni hermosura, y aparentemente si titulo alguno para merecer ser visitados. Al cabo de hora y media llegamos a ellos. Son grandes, altos y bellos; las producciones más pintorescas de reino vegetal que habíamos visto jamás. Hay entre ellos dos generaciones de árboles: los más viejos son muy corpulentos y macizos, elevando sus copas a una altura enorme y extendiendo sus ramas a gran distancia. Medimos uno de ellos que después resultó se ser el mayor, y hallamos que tenia treinta y dos pies de circunferencia. Entre estos árboles siete de ellos tienen un aspecto muy singular de antigüedad; los demás son más jóvenes pero igualmente altos, aunque por falta de espacio no se extienden tanto sus ramas; sin embargo el espectador los considera con cierta elevación de alma, e imagina estar mirando a los venerables descendientes de una familia ilustre, que cansados de las persecuciones y reveses de la fortuna, han fijado su residencia en este sitio retirado donde vegetan sin ser contaminados, dominando con majestuosa preeminencia el terreno en en días más felices consideraban como propio sus antepasados. El grupo de árboles es tan pequeño que puede una persona andar alrededor de el en media hora. Los cedros viejos no se encuentran en ningún otro punto del monte Lébano: vense algunos árboles jóvenes; estos son muy productivos y rinden anualmente una cantidad considerable de semilla. A las inmediaciones del grupo de cedros, se compone principalmente el terreno de roca y piedra con una vegetación parcial, aunque lozana, en los intersticios.

EL INSTRUCTOR. n. 74
Febrero, 1840
Londres: En la Imprenta de Carlos Wood, Poppin´s Court, Fleet Street
(Biblioteca Nacional de España)

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